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GENERAL

¿Definición y concepto de Arquitectura?

Definición y concepto de Arquitectura
Estrictamente la Arquitectura se puede definir como el arte o la ciencia de proyectar y construir edificios perdurables. Frente al resto de las artes, la arquitectura integra un fin estético con un claro fin utilitario; así presenta un aspecto técnico que sigue unas determinadas reglas, propias de su asociado laconstrucción, con el objeto de crear obras adecuadas a su propósito, al tiempo que como arte debe ser capaz de provocar un placer estético.
Atendiendo a estos dos conceptos no se debe confundir la definición de Arquitectura como resultado, con la de las técnicas que hacen posible este resultado. En este sentido cabe preguntarse si toda construcción, por elemental que sea, es arquitectura, para concluir que por el contrario Arquitectura es el resultado de una intención consciente de crear, mientras que el simple conjunto de conocimientos sobre materiales y técnicas, medio para la ejecución del edificio ideado, es construcción.
Atendiendo a estos dos conceptos el tratadista romano Vitrubio fijó en el siglo I a.C. las tres condiciones básicas de la arquitectura: Firmitasutilitasvenustas(´resistencia, funcionalidad y belleza´).
Y siguiendo estas dos premisas la arquitectura se ha materializado, en todas las culturas, con unas características peculiares. En las sociedades más desarrolladas ha producido variedades de estilos, de técnicas y de propósitos. Todo ello constituye lo que denominamos la Historia de la Arquitectura, frente a lo que se conoce como Teoría de la Arquitectura.
Pese a la claridad que aparentemente presenta la palabra arquitectura, definida como el arte de construir, no existe estrictamente una definición convincente y que ofrezca una validez universal. Cada etapa o cada corriente ha producido sus propias definiciones. Como tal, el concepto de arquitectura como ?arte de construir? fue empleado por Alberti en el primer tratado que existe, estrictamente, sobre teoría de la arquitectura, De re aedificatoria (1485); este autor, incluso en el propio título, desdeña, la idea de que la arquitectura fuera una simple aplicación matemática, como había expuesto Vitrubio. Sin embargo la denominación de arquitectura como ?arte de construir?, procede de la tradición neoclásica francesa y no se incluye en los tratados escritos hasta después de 1750; pero es en el Renacimiento donde se empiezan a separar estas cuestiones, hasta entonces raramente se establece la distinción entre arquitectura y construcción, la arquitectura como arte y la construcción como técnica, al igual que es el momento en el que se varía la consideración del artista, que pasa de ser un trabajador manual a una persona que trabaja con el intelecto.
La arquitectura frente a las otras artes responde, en primer lugar, a una necesidad básica del hombre de cobijo y seguridad; y en segundo lugar, a una necesidad estética, de modo que ambas se convierten en un fenómeno inherente a la historia de la cultura, de la civilización, del pensamiento y de la religión, durante siglos. Así la arquitectura, con independencia de las diferencias que determinan las distintas técnicas constructivas y los diferentes estilos estéticos, presenta una unidad temática entre las realizaciones, sean de culturas contrarias o de diversos períodos; es decir, todas las culturas y los distintos periodos han construido viviendas, palacios, templos, edificios públicos, etc., aunque estas construcciones presenten una disparidad formal y estilística tan enorme, como la existente entre un ziguratmesopotámico y una catedral gótica.
Una de las características determinantes de la arquitectura a lo largo de los siglos y que, de alguna forma, la distancia del resto de las denominadas Bellas Artes, es que está construida para perdurar; esta idea determina que muchos edificios no siempre hayan desempeñado el mismo papel que actualmente les atribuimos, y que por supuesto cuando se construyeron apenas valoraran la función artística ya que imperaba, ante todo, la función utilitaria. Éste sería el caso de una gran parte de la arquitectura doméstica y específicamente de la denominada arquitectura popular, o los ejemplos, tan de moda, de rehabilitación de edificios históricos a los que se asignan nuevos usos, palacios convertidos en museos, conventos utilizados como oficinas, castillos transformados en hoteles, murallas destinadas a parques, etc. Pero no sólo se ha alterado su uso, sino también su aspecto, integrándose dentro de la memoria arquitectónica colectiva, con una imagen distinta de lo que fue el edificio original. Es difícil imaginar el efecto que producirían los templos griegos con su pintura original después de nuestra costumbre de verlos degradados y con sus materiales al descubierto. Muchos edificios medievales o barrocos no presentaban sus materiales vistos, especialmente cuando habían sido construidos con ladrillo, sino que estaban enlucidos y, con frecuencia, encalados. Sin embargo, la moda por los materiales vistos y el rechazo de los revestimientos de la arquitectura contemporánea ha determinado que en las intervenciones realizadas en los monumentos para su conservación se hayan seguido unos criterios que alteran y modifican sensiblemente la apariencia original de los edificios. Éstos abandonan la función para los que fueron creados, y en muchos casos también su aspecto, y adquieren el valor que les concede la Historia de la Arquitectura y es este valor el que determina su conservación y, en casos, su adaptación a nuevas funciones.
A menudo se ha acometido el estudio de las obras de arquitectura desde el concepto, nacido en el siglo XVIII, de monumento, es decir, obras aisladas que en sí mismas o por el arquitecto que las construyó merecen tener este calificativo; siguiendo esta idea sobre las construcciones excelentes, la historia de la arquitectura, y a través de ella la valoración de la Arquitectura, se ha realizado mediante el estudio de obras muy concretas, paradigmáticas de un estilo, y de un conjunto de grandes arquitectos. Así la arquitectura, que es en sí misma una actividad continua y orgánica de la labor humana, enraizada dentro de las más profundas necesidades del hombre, tanto físicas como espirituales, ha sido entendida como una sucesiva reunión de construcciones singulares, de arquitectos destacados y de estilos que surgen como respuesta rebelde al estilo anterior, como profunda reacción. Ésta es actualmente, y ha sido, la historia de la arquitectura, tal y como se puede ver en los párrafos que siguen. Pero por encima de esta visión, la arquitectura, como ya se ha señalado, es un todo continuo y orgánico, que responde no sólo a la necesidad humana de cobijo, sino a la necesidad más amplia de civilización.
La historia de la arquitectura ha olvidado durante mucho tiempo una parte fundamental y muy numerosa de las construcciones realizadas por el hombre, en realidad se puede decir que la historia de la arquitectura se ha ido componiendo como una historia de olvidos. Por una parte, ha olvidado un enorme conjunto de construcciones, enorme en cuanto a número y en cuanto a repercusión, que fueron reflejo de cada uno de los estilos artísticos en los que se engloban, pese a no ser obras sobresalientes de los mismos; a través de estas construcciones se puede conocer la repercusión real de un estilo artístico, la adaptabilidad de sus propuestas a las necesidades y a las costumbres de una determinada comunidad, o la incidencia que la nueva estética tiene en esa comunidad. Pero la historia de la arquitectura no sólo ha olvidado esto, sino también el enorme conjunto de construcciones que quedan englobadas de forma genérica en lo que se denomina arquitectura popular, pese al sinfín de matices que este conjunto presenta y a las dificultades que existen para trazar la línea que separa las construcciones populares de las que no lo son.
A esto hay que añadir que la historia de la arquitectura se ha escrito muchas veces como una historia de la estética de la arquitectura, olvidando, aunque disimuladamente, su componente de funcionalidad; el arquitecto es ante todo un intelectual, un artista, y la arquitectura es por encima de cualquier otra consideración ?arte?.
Con estas visiones restrictivas la historia de la arquitectura ha amputado de su estudio amplios conjuntos de construcciones que explican cada una de las culturas a las que pertenecen desde sus motivos más propios e internos, pero que además nos hablan de sus desarrollos económicos, de sus necesidades y creencias religiosas, de sus formas de gobierno, etc. La arquitectura se convierte en una de las fuentes más ricas y complejas desde la que se puede abordar la historia de las civilizaciones.
Pese a los nuevos planteamientos que las metodologías modernas han introducido en el estudio de la Historia del Arte, en general, y de la Historia de la Arquitectura en particular, lo cierto es que esta historia, valorada en su conjunto, está todavía por escribir. Y son los problemas y los condicionamientos de la arquitectura del presente los que van determinando un lento cambio de actitud hacia la percepción de las obras del pasado. Así, han sido los profundos problemas urbanísticos que plantean las nuevas ciudades, y las despiadadas destrucciones de las ciudades históricas, los que han determinado un creciente auge de los estudios de urbanismo histórico, unido esto a la necesidad de entender cada arquitectura construida en el contexto general de la ciudad. La degradación, mutilación y alteración experimentada por la ciudad histórica ha llevado a la reconsideración de conjunto y no de monumento, como categoría de protección, pero también como forma de abordar el estudio y el conocimiento de las arquitecturas; de la obra concreta se da paso al estudio de la ciudad, la ciudad entendida como obra de conjunto.

Distinción entre la Historia y la Teoría de la Arquitectura

Pese a sus limitaciones actuales, la historia de la arquitectura ha permitido conocer una parte del legado arquitectónico recibido. Sin embargo, la distinción entre laHistoria y la Teoría de la arquitectura es una invención relativamente reciente, por lo que el estudio histórico de la arquitectura es también una disciplina incipiente. Estrictamente, como idea no surge hasta la mitad del siglo XVIII, cuando en 1758 Julien-David LeRoy publicó Les Ruines des plus beaux monuments de la Grèce, escrito donde se analizan los edificios de la época de Vitrubio desde dos perspectivas diferenciadas, la de la historia y la de la teoría de la arquitectura. Aunque la separación académica de ambas disciplinas no se produjo hasta 1818, cuando se establecieron dos cátedras diferenciadas en la Escuela de Bellas Artes de París; precedente de este hecho es el curso específico sobre Historia de la Arquitectura que, desde 1750, impartía Jacques-Francois Blondel, que consideraba laHistoria de la Arquitectura como una sucesiva enumeración de referencias literarias.
Sin embargo, el moderno concepto de Historia de la Arquitectura deriva, como se ha indicado, del movimiento intelectual del siglo XVIII que desarrolló los conceptos de razón, naturaleza, y hombre, a través de los cuales se llegó a la teoría del evolucionismo y a su aplicación a cada rama del conocimiento. Las ciencias, especialmente naturales y sociales, fueron consideradas en su secuencia histórica. En la filosofía de la arquitectura, como en el resto de las filosofías, la introducción del método histórico no solamente facilitó la enseñanza de estos temas, sino que también favoreció la elaboración de la especulación teórica. Persuadidos por estas ideas, a los estudiosos les resultaba más interesante hablar de la historia de la arquitectura que de la arquitectura en sí misma, más cautivador discutir las diferencias o coincidencias de cada época arquitectónica que reflexionar sobre métodos prácticos que resolvieran los problemas del momento.
La importancia concedida a la historia, desde el pensamiento evolucionista, y a partir de él por el movimiento romántico, tuvo como resultado, en arquitectura, no sólo el desarrollo de los estudios de historia de la arquitectura, sino una actitud activa hacia ese pasado que se concretó en los denominados estilos historicistas, los ?neos?, con especial incidencia del neogótico que, en su faceta más racional, pragmática y científica, ayudó a la conclusión y restauración de muchas catedrales europeas, y al conocimiento profundo de este estilo con la división de escuelas regionales y cronologías, así como a la solución de ciertos problemas estructurales aportados por estudiosos como Eugène Emmanuel Violet-Le Duc.
Si se ha definido la Arquitectura como ´el arte y la técnica de construir edificios´, se debe precisar que en este hecho emplea los recursos de la práctica y expresión requeridos por la civilización donde se produce. Toda sociedad sedentaria posee técnicas de construcción, produce arquitectura, ya que éste es un hecho necesario incluso en las culturas menos desarrolladas. El hombre, obligado a luchar contra los elementos, consigue con la arquitectura no sólo una defensa eficaz contra el medio, sino también una forma de humanizarlo, requisito y símbolo del desarrollo de una civilización.

Tipos de Arquitectura

La Arquitectura surge sólo cuando existe la necesidad de ella, para colmar las expectativas de un individuo o de un grupo. Las leyes económicas evitan que los arquitectos, para emular a otros artistas, realicen obras para las cuales la demanda es inexistente o sólo potencial. Así, los tipos y usos de la arquitectura dependen de las necesidades sociales; los tipos están establecidos no por los arquitectos sino por las sociedades; la sociedad fija las necesidades y asigna al arquitecto el trabajo de descubrirlas, transformarlas en idea y llevarlas a la práctica. Atendiendo a estas necesidades podemos decir que los tipos básicos de arquitectura son: doméstica, religiosa, social, industrial, comercial, etc. A cada uno de ellos vamos a dedicar unas breves líneas.
Los origenes
Zigurat de UrLa arquitectura de la Mesopotamia se sirvió en sus comienzos de los ladrillos de barro cocido, poco resistentes, lo que explica el alto grado de deterioro de las construcciones encontradas. Las obras más representativas de la construcción mesopotámica son los zigurats o templos en torre que datan de los primeros pueblos sumerios y que asirios y babilonios mantuvieron en lo formal. Éstos eran en realidad edificaciones superpuestas que conformaban especies de pirámides de lados escalonados dividida en varias cámaras.
Los arquitectos egipcios inventaron la bóveda, la columna y la bovedilla rectausando materiales como la caliza, el asperón (arenisca arcillosa) y el granito rosado o azul de las montañas, dejando el ladrillo para las murallas y las casas. La habilidad empleada en la construcción de sus obras y la sequedad del ambiente permitieron que estas permanecieran casi intactas durante siglos.
Sus trabajos arquitectónicos fueron, principalmente, tumbas y templos. Dentro de las primeras se destacan las pirámides, como la de KeopsKefrén y Micerinos. Los templos resaltan por sus tamaños y firme estructura. Algunos fueron construidos al aire libre y otros elaborados en las mismas rocas, es decir, subterráneos. Los más famosos son los de Karnak y Luxor, en donde se encontraba Tebas y, como ejemplo de templo subterráneo, el de  Ipsambul.
Un templo era la propiedad y casa de un dios simultáneamente. Estaba rodeado por un largo cerco de ladrillos y contenía a una población entera encargada de su servicio. Tenía habitaciones para sacerdotes y servidores, talleres, edificios de servicio y parques para los animales de sacrificio. El templo propiamente tal estaba ubicado en el centro del perímetro, al interior de una segunda línea de murallas y se accedía a él por una avenida enlosada, en cuyos lados se instalaban hileras de esfinges (monstruo fabuloso con cabeza humana y cuerpo y patas de león).

Artes complementarias

La escultura y la pintura fueron desarrolladas a disposición de la arquitectura en el antiguo Egipto. Las estatuas adornaban las fachadas o se instalaban dentro de los templos y tumbas. Sus figuras eran rígidas debido a que la piedra que se usaba para esculpirlas era dura, además de que los escultores se servían solo de herramientas de cobre para su trabajo. Las estatuas egipcias pueden ser clasificadas en colosos, con medidas que podían alcanzar los 20 metros de alto, como la Esfinge, localizada frente a la Gran Pirámide; en estatuas decorativas, que representan a reyes o dioses en posiciones sagradas y con sus atributos, y las estatuas funerarias, que consistían en retratos de los muertos.
También usaron los bajorrelieves, que muestran escenas de la vida de los dioses o de los reyes y que se pueden encontrar en los muros y columnas de los templos.
La pintura egipcia ha dejado valiosa información sobre la vida cotidiana de sus habitantes, al representar sucesos en la existencia del difunto en los muros de las tumbas, aunque también pintaron escenas mitológicas sobre sus paredes. Los artistas no esbozaban más que los contornos que, luego, ilustraban con colores planos y comunes. Posteriormente, dominaron la técnica del dibujo y la proporción.

Arquitectura doméstica

La arquitectura doméstica, es decir, los edificios de vivienda, está producida por una unidad social básica, que puede ser el individuo, la familia, o el clan y sus equivalentes. Esta arquitectura cubre las necesidades básicas de albergue y seguridad del hombre, y como tal puede ser una arquitectura muy simple, reducida a un único espacio, pero al tiempo puede ser una arquitectura muy compleja que reúna en sí no sólo las necesidades básicas de vivienda, sino también las necesidades económicas básicas de una unidad familiar, agrícolas, industriales o comerciales.
Casa tradicional de las Islas Arán (Irlanda).
 
Si esta arquitectura doméstica está desarrollada por las elites de poder, tendrá que atender a diferentes funciones; los grupos poderosos construyen casas, villas, jardines o palacios de recreo, en las que prima por encima del fin utilitario, de albergue, seguridad, etc., un fin simbólico, expresión de la distinción de clase; estos edificios tienen que ser aptos para disfrutar de una infinita variedad de actividades domésticas conectadas con la posición del individuo que los posee. Pero además esta arquitectura, en principio doméstica, puede desarrollar funciones de otro tipo, por ejemplo los palacios de las antiguas monarquías no eran sólo y privadamente la casa del rey y su familia, sino que en ellos se reunían órganos de gobierno, administraciones, etc. En este sentido es modélico el palacio de Versalles, que posee una ciudad en sí mismo, una ciudad desarrollada para cubrir las necesidades derivadas de la lujosa vida de la Corte de Luis XIV.
Palacio de Versalles. Hardouin. Francia.
 
Un tercer tipo de arquitectura doméstica, son los edificios de vivienda. En ellos se reúne la idea de comunidad con la idea de privacidad. Las viviendas grupales han existido desde siempre en las distintas culturas, si bien presentado matices muy diferenciados; han existido viviendas comunales en formas de organización igualitaria; el sistema feudal definió el castillo como un ámbito comunal donde se reunían todas las clases sociales, y donde todos tenían cobijo y protección. El imperio romano, y fundamentalmente la ciudad de Roma, desarrolló los edificios comunales de apartamentos, con un criterio más cercano la idea actual de bloque de viviendas. Sin embargo fue a partir del siglo XVII, pero especialmente en el XVIII y XIX, cuando este tipo de vivienda se hizo popular y empezó a ser muy utilizada por la alta burguesía de las ciudades. Concretamente en el XIX, los grandes ensanches de la ciudades históricas determinaron la aparición de bloques de apartamentos de una extraordinaria calidad, donde la idea de alineación, clasicismo y uniformidad fue dominante. Con todo, no ha sido hasta el siglo XX, con el avance en diferentes campos, la utilización de las grandes estructuras de hierro y hormigón, la aparición de los ascensores, las calefacciones centrales, etc., cuando estos edificios de apartamentos se construyen con un gran número de pisos, hasta llegar a los denominados rascacielos, y cuando estos edificios se popularizan y se convierten en la forma de cubrir la acuciante y cada vez mayor demanda de viviendas baratas. La industrialización, el abandono del campo y la aglomeración de población en las ciudades determinan una presión sobre el suelo y una demanda de viviendas que se resuelve con la construcción de estos bloques de apartamentos, ahora de dudosa calidad y destinados a las clases de menos recursos económicos.
Edificio de pisos.

Arquitectura religiosa

La historia de la arquitectura se concentra de forma más intensa en los edificios religiosos. Dada la importancia de la religión en las distintas civilizaciones, este tipo de edificios constituyó con frecuencia uno de los elementos más significativos producidos por los artistas de cada cultura.
La tipología de edificios religiosos es muy compleja; las necesidades que debe cubrir un edificio religioso son esencialmente distintas de las desarrolladas por la arquitectura doméstica, al tiempo que en cada religión las funciones y los ritos son de muy diferente naturaleza, de tal forma que, las características constructivas y arquitectónicas de los templos varían considerablemente de una religión a otra, debido, fundamentalmente, a las diferencias en su liturgia, a sus rituales, y a los distintos conceptos que cada cultura desarrolla de la divinidad y la relación de ésta con los creyentes.
El templo es un edificio destinado al culto religioso y a la protección de las imágenes, reliquias y espacios sagrados, es por tanto un lugar de recogimiento y reflexión. En las antiguas religiones los templos no tuvieron un uso comunal. En el antiguo Egipto y en India eran considerados la residencia del Dios, de ahí que la entrada en ellos estuviera prohibida y sólo reservada a los clérigos. En la antigua Grecia contenían la imagen del Dios y eran accesibles al culto, pero los servicios religiosos se desarrollaban en la fachada principal del templo y fuera de él. En las antiguas culturas mayas y aztecas los templos fueron erigidos en altura con forma de pirámide, y sólo miembros privilegiados de la sociedad podían acercarse. Frente a esto, el cristianismo, el budismo, el judaísmo y el Islam entienden el templo como un lugar de la comunidad donde se desarrollan los ritos religiosos. Los edificios construidos por estas religiones tienen esencialmente unos planteamientos idénticos, debido a que responden a una común necesidad: que el mayor número de fieles acceda al punto focal donde se desarrolla el servicio religioso. Consecuentemente los musulmanes han adoptado la tradición de las iglesias bizantinas, las modernas sinagogas apenas se distinguen de las iglesias, y el protestantismo absorbe la arquitectura católica con una pequeña revisión, eliminación de capillas y de símbolos de decoración.
El complejo programa que después desarrolla cada religión, lugares para diversas actividades, demanda soluciones arquitectónicas especificas; por ejemplo, baptisterios, campanarios, salas capitulares en la religión cristiana, minaretes en la musulmana. Las modernas sectas demandan un espacio para la educación religiosa cercano al templo. El catolicismo y las religiones asiáticas han producido, además, monasterios, conventos y abadías, donde está conectado el lugar de culto con las zonas de vivienda -que acomodan la organización del espacio religioso con el doméstico, el industrial, el agrícola, etc.

Arquitectura funeraria

Este tipo de arquitectura surge por la creencia del hombre en la existencia de otra vida después de la muerte, y en la necesidad de dejar una memoria permanente en este mundo. El arte funerario, de forma general, no es siempre arquitectura, puesto que es puramente simbólico y por lo tanto “situable” en el tratamiento escultural; sin embargo, sí que ha producido tipologías de edificios específicos que han tenido un rico desarrollo a lo largo de los siglos: desde los menhires o los dólmenes, construcciones megalíticas con fines mortuorios, hasta las tumbas monumentales que se produjeron en el antiguo Egipto, creando tipologías tan específicas como las pirámides, o en la Grecia helenística, con la aparición de un nuevo y específico edificio, el mausoleo, cuyo mejor ejemplo es el de Halicarnaso. La antigua Roma continuó con la costumbre de construir mausoleos, como la tumba de Adriano, sin embargo la Edad Media rompió con esta tendencia. Su visión teocéntrica del mundo llevó al enterramiento en el interior de los templos y al desarrollo escultural de los mismos. El Renacimiento y su culto a la fama y a la memoria del difunto determina la aparición de panteones, normalmente asociados y como una parte más de las iglesias. El más destacado de los panteones renacentistas es la Capilla Medici deMiguel Ángel. Este tipo de panteones o mausoleos se construyeron también en Asia, cuyo mejor ejemplo es el Taj Mahal, o en India, con Uttar Pradesh.
Taj Mahal. Agra (India).
Fundamentalmente durante el Renacimiento y el Barroco, el culto a la muerte desarrolló otro tipo de arquitectura, las denominadas arquitecturas efímeras, los catafalcos o túmulos levantados en las iglesias para celebrar solemnes exequias por los difuntos.
Aunque modernamente se ha abandonado esta costumbre, se puede afirmar que las actuales tumbas representan en parte la vitalidad perdida de esta arquitectura funeraria. Sin embargo, en la actualidad se han realizado importantes muestras de mausoleos destinados a la memoria de un hombre público, el monumento a Víctor Emmanuel II en Roma, el mausoleo de Lenin en Moscú, o con un mayor carácter escultural, como El monumento a los caídos de Walter Gropius en Weimar.

Arquitectura institucional

El desarrollo de la arquitectura institucional o gubernamental es tan extenso como el de la arquitectura religiosa, con la diferencia de que las funciones a las que deben adaptarse los edificios son similares en todas las sociedades: legislar, administrar e impartir justicia son las funciones básicas que debe cubrir el Estado.
Pese a estas funciones básicas y generales propias de todas las sociedades, la arquitectura institucional y las tipologías de edificios producida por la misma difiere de acuerdo con la relación que se establece entre el gobernante y el gobernado. Cuando las funciones gubernamentales están centralizadas en manos de un único individuo, puede existir simplemente la residencia del propio gobernante como edificio institucional; pero igualmente las funciones pueden estar divididas, y se ubican en diferentes edificios con actividades especializadas. No existen, sin embargo, unas tipologías claramente definidas en la arquitectura institucional, sino que los edificios se van adaptado a las necesidades que exige la práctica del gobierno: lugares o espacios reservados a zonas de deliberación, pasando por despachos y oficinas administrativas.
Las distintas tipologías de edificios van surgiendo como respuesta a los diferentes sistemas de organización, monarquía, teocracia, democracia, etc. Los gobiernos que ejercen el poder con gran autoridad y superioridad utilizan la arquitectura para manifestar esta prepotencia, producen, por tanto, edificios de una monumentalidad desproporcionada con los servicios a la comunidad. Ejemplos de esta situación hay a lo largo de toda la historia, desde los palacios de los faraones egipcios. En muchas ocasiones estos gobernantes toman atributos propios de la arquitectura religiosa en su simbolismo.
Frente a esto, los gobiernos democráticos tienen la responsabilidad de expresar en su arquitectura el sentimiento de la propia comunidad. En este sentido el proceso democrático de las ciudades-estados griegas y de las ciudades libres medievales, produjo una arquitectura a escala doméstica integrada en la trama urbana, creando un todo con la propia ciudad.
El crecimiento general de la burocracia y el aumento de la complejidad de las funciones del gobierno en el siglo XIX, y sobre todo en el siglo XX, ha creado una gran variedad de edificios para usos específicos como capitolios, edificios del parlamento, cortes, casa de moneda y timbre, oficinas de correos, embajadas, archivos, secretarias, ministerios, etc.; cada uno demanda una solución arquitectónica especializada, por lo que se puede afirmar que la burocracia ha creado la arquitectura gubernamental más importante de la historia.
Edificio de la Aduana de Dublín.

Arquitectura del bienestar y de la educación

Las instituciones públicas destinadas al bienestar ciudadano son las que, en la actualidad, proporcionan los recursos para la educación, la salud y la seguridad. Tradicionalmente muchas de estas actividades han sido asumidas por la iglesia o por el estado, pero requieren soluciones arquitectónicas que, por su propia especificidad, se alejan de la arquitectura religiosa o de la institucional comentadas.
La tipología de edificios que han requerido estas necesidades sociales, no puede analizarse a lo largo de la historia debido a que la aceptación de la responsabilidad del bienestar de la comunidad ha diferido en grado en cada sistema social. Los edificios destinados a este bienestar social, escuelas, hospitales, etc., rara vez eran considerados necesarios en la antigüedad, en la mayoría de la arquitectura asiática y en la Edad Media temprana; por ejemplo las necesidades de atención a la salud en Grecia se centraron en los recintos destinados al dios Asclepius, considerado un dios curativo, o en las culturas asiáticas, en los templos y recintos budistas. Por su parte, el imperio romano desarrolló una grandiosa arquitectura destinada a ofrecer servicios públicos, abastecimiento de agua, alcantarillado, etc. de la cual son una magnífica muestra los acueductos supervivientes. En la Edad Media surgieron tipologías concretas de edificios destinados a estos servicios.
Acueducto de Segovia.
En cuanto a los servicios educativos se puede hablar del nacimiento de las universidades y de la aparición de edificios destinados a estos fines; Oxford, Cambridge, París, o las magníficas de Salamanca y Alcalá de Henares, son algunos de los primeros ejemplos. También surgen en este momento los primeros hospitales, en principio adjuntos a los monasterios, conventos o iglesias, y más tarde como edificios independientes, entre los que destacan los hospitales creados a lo largo del Camino de Santiago, o con una estructura ciudadana el Hospital de los Inocentes de Florencia. Las cárceles surgieron también en este momento, aunque originalmente para este fin se utilizaban estructuras militares, como por ejemplo la Torre de Londres o el Bargello en Florencia, pero lentamente se fueron construyendo edificios específicos, que son ya comunes a finales del siglo XVIII y principios del XIX, entre ellas destaca la Prisión George Dance´s Newgate de Londres.
El siglo XIX marca el punto en el que los servicios de la salud y de la educación se empiezan a generalizar y se convierten en un derecho público, lo que determina la aparición de una creciente y constante necesidad de soluciones arquitectónicas especializadas. Se estandarizan tipologías de hospitales, de cárceles o incluso de escuelas, destinadas a la enseñanza, desde la guardería hasta la Universidad. Desde el siglo XIX existe una creciente demanda y una continua investigación arquitectónica y es, sin duda, el siglo XX el que ha ofrecido los mejores ejemplos.

Arquitectura recreativa

Pocas actividades recreativas requieren la utilización de tipologías de edificios propias hasta que no se organizan como eventos públicos. A partir de este momento se tiene que prever la participación activa o pasiva de individuos, como ocurre con la mayor parte de los acontecimientos deportivos, funciones musicales, obras dramáticas, o en actividades privadas pero que se realizan en edificios públicos como baños, museos, bibliotecas.
A través de la Historia, la necesidad de entretenimiento es una constante en el hombre; el tipo de entretenimiento puede cambiar dependiendo de la cultura de la clase social, del grupo religioso etc., pero, al igual que ocurre con la arquitectura doméstica, la necesidad de una arquitectura destinada a las actividades de ocio y recreación con carácter público es constante. Esta arquitectura debe responder a diferentes necesidades, si la participación del individuo es pasiva, debe poder ver y oír cómodamente, si su participación es activa, debe encontrar los espacios requeridos para desarrollar la actividad elegida.
En la mayoría de las culturas la institucionalización de las actividades de entretenimiento tiene su origen en los ritos religiosos, desde los cuales gana independencia.
Existen actividades recreativas que han creado unas tipologías arquitectónicas específicas. Tal vez una de las más destacadas y constante sea el teatro. El teatro como actividad y como tipología arquitectónica tiene su origen en Grecia, con los ritos del dios Dionisos. En un primer momento los teatros fueron instalaciones temporales y al aire libre, donde se utilizaban las cuestas y las curvas naturales de las laderas para atraer al espectador y evitar la necesidad de subestructuras. Lentamente estas estructuras se hicieron permanentes.
 
Teatro romano, escena. Mérida. Badajoz

 

El teatro se monumentalizó y se modificó con los romanos; la utilización de arcos y bóvedas permitió la construcción de gradas inclinadas para los espectadores en terrenos llanos. En la Edad Media, fueron los templos y ciertas estructuras temporales los que se utilizaron para la representación de obras teatrales. En el Renacimiento la tipología de edificio revivió con la misma tipología que el romano, el mejor ejemplo es el Teatro Olímpico de Andrea Palladio en Vicenza.
El siglo XVII desarrolló nuevas formas de actividad escénica, la ópera, el ballet, el teatro. Por tanto, la tipología de edificio se renueva y se adapta para satisfacer la necesidad de distinción de las clases económicamente superiores, así se construyen teatros como el Farnese en Parma, o el Residenztheater en Munich.
La tipología del edificio se fija en una estructura de plano inclinado hueco, donde se acomoda la grada rectangular o en herradura, con una cubierta permanente que permite una iluminación artificial.
De características muy parecidas al teatro es el Auditorio que se suele distinguir del primero por una ausencia de los elementos propios de la escena y por tener un mayor tamaño y capacidad. Los auditorios se suelen destinar a conciertos de todo tipo y a grandes concentraciones de personas para escuchar a uno o varios individuos. Como una derivación propia de la tipología del teatro, en los años centrales del siglo XX tuvieron un gran auge los cines, que suelen presentar una zona de gradas y una zona de escena, pero sin la misma.
En cuanto a los recursos deportivos, la práctica del deporte, y sobre todo la idea de la competición pública de esta práctica y el convertirla en una diversión pública, es propia del mundo clásico. En Creta y en Grecia el deporte fue una actividad sumamente valorada, aunque las instalaciones propias para su cultivo, como arenas deportivas, circuitos o piscinas son más características del mundo romano, que creó tipologías de edificios específicas destinadas a esta actividad, como el circo destinado a las carreras de carros, el estadio o el anfiteatro.
La tradición clásica del deporte quedó interrumpida en la Edad Media y, aunque se retomó la práctica deportiva como tal en el Renacimiento, no fue hasta el siglo XIX cuando se volvió a convertir en un espectáculo y un entretenimiento público. En la actualidad los diseños de estadios y pistas de arena difieren relativamente poco de lo que fueron el Coliseo romano y el Circo Máximo, aunque se ha reforzado la construcción de grandes tribunas. Destacan el estadio de Florencia, el de Helsinki, o el de la Universidad Autónoma de México. Los deportes que no tenían ningún precedente en la antigüedad clásica, como el baseball, han creado estructuras arquitectónicas que son variaciones del estadio.
Los edificios públicos de Museos y Bibliotecas tienen su origen igualmente en la antigüedad clásica, aunque también aparecen sin ninguna conexión en la antigua China y Japón. Los ejemplos más tempranos se encuentran en la acrópolis del Pérgamo helenístico y del Éfeso romano.
 
Galería de los Uffizzi en Florencia (Italia).
Durante la Edad Media, los museos fueron inexistentes, no así las bibliotecas, que se recogieron en los monasterios y en ellos se destinó una estancia propia a su custodia. Fue en el Renacimiento y en el Barroco cuando estas actividades cobraron una enorme vigencia. Las grandes colecciones de objetos curiosos, antiguos o de obras de arte son el precedente real de nuestros actuales museos, y ya desde el Renacimiento se construyeron zonas especiales destinadas a la exhibición de los mismos, aunque siempre de carácter privado. El ejemplo más conocido es la Galería de los Uffizzi, destinada a la exhibición de la colección de obras de arte de los Medicis. Igualmente las bibliotecas, que desde siempre habían sido custodiadas en salas especialmente destinadas para alojarlas, adquieren ahora un auge mayor; la más representativa es la Biblioteca Laurenziana proyectada por Miguel Ángel.
Pero este tipo de actividad no se hizo pública hasta finales del siglo XVIII y principios del XIX y fue en este momento cuando se construyeron edificios específicos destinados a Museos o Bibliotecas. Adquirieron, sobre todo los primeros, un gran protagonismo en la arquitectura del siglo XX. Entre ellos destaca el Museo Guggenheim de Frank Lloyd Wright en Nueva York, aunque la importancia concedida a estos edificios hace que la totalidad de los grandes arquitectos de la segunda mitad del siglo hayan participado en proyectos de este tipo, desde Mies y Kahnhasta Stirling, Venturi, Moneo, Piano, Meier o Gehry.
 

Arquitectura industrial y comercial

La arquitectura industrial y comercial responde a la necesidad de intercambio, de transporte, de comunicación, de fabricación, de almacenaje, etc., es decir, a todas las exigencias de la actividad económica del hombre. Hasta la revolución industrial estas actividades no eran especializadas, se resolvían dentro de la arquitectura doméstica. Solamente el lugar del mercado requirió en alguna ocasión una estructura arquitectónica especial. Sin embargo, la revolución industrial y el inicio de la producción en masa determinaron que el número de personas destinadas a una misma actividad en el mismo lugar se incrementara radicalmente, lo que obligó al diseño de lugares de trabajo para gran cantidad de personas. La revolución industrial afectó profundamente a las técnicas y a las tipologías arquitectónicas. A través de la introducción de la máquina y la producción en masa, la vida económica salió del ambiente doméstico, en el que se había movido desde siempre, a un área dominada más por los procesos y los dispositivos que por los individuos, lo que originaba la necesidad de edificios especializados para tales fines, edificios de oficinas, almacenes y mercados, para el intercambio de mercancías; fábricas, minas, laboratorios, plantas de transformación para la producción; caminos, puentes, túneles, estaciones de ferrocarril, aeropuertos, etc., para el transporte; estructuras para la transmisión y recepción del teléfono, la radio, la televisión, el periódico, los libros, etc., para la comunicación; presas, centrales de energía, etc., para la distribución de energía.
Dentro de este largo listado de tipologías de edificios especializados en actividades económicas, se pueden distinguir dos tipos básicos: aquellos edificios en los que la actividad humana es la principal preocupación, que se han mantenido dentro de tipologías arquitectónicas tradicionales, como por ejemplo los bancos, que originalmente tomaron como modelo los templos romanos, y, por otra parte, aquellos que han prestado una mayor atención a la máquina, que han determinado la aparición de modernas fábricas y edificios especiales.
Fábrica textil de Barcelona del siglo XIX.

El proyecto arquitectónico

El arquitecto debe tener en cuenta en su proyecto arquitectónico tres elementos que, generalmente, van a condicionar de forma global todo su trabajo. Éstos son el emplazamiento, la tipología y el coste de un edificio. Es decir, el emplazamiento va a determinar las variaciones que, dependiendo del medio natural, se han de introducir en un edificio para que éste se pueda ajustar a las necesidades físicas invariables de los seres humanos. La tipología determina la estructura, requerida por la sociedad, a la que debe ajustarse el edificio dependiendo del uso al que esté destinado. El coste implica la suma económica a la que debe quedar sujeta la realización global de ese edificio.
Así, el acto de realizar un proyecto arquitectónico es un proceso de particularización del mismo y, en última instancia, de coordinación de las demandas de los individuos y las del medio natural, el uso y la capacidad económica. Este proceso tiene un valor cultural y también utilitario, porque al crear un proyecto arquitectónico destinado a la práctica de alguna actividad social, el arquitecto desarrolla una influencia inevitable en la forma en la cual se lleva a cabo esta actividad.

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1 Comment

  1. hola,, me gracias el articulo sobre arquitectura, creo que es un gran aparte para todos,, solo que me gustaria saber cuales fueron las fuentes que usaron para el resumen ,, sobre todo para la definicio de arq.funeraria,, si me pueden ayudar les agradeceria de corazon , y pueden devolverme al j.argenisfeliz@gmail.com.. es para un trabajo de tesis.. gracias

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