Los desafíos ambientales. Los riesgos del marketing verde y el green washing. Qué tienen de bueno y de malo las certificaciones internacionales.
Construir un edificio verde es mucho mas que ponerle plantas a la fachada, aleros, parasoles, usar sistemas de los llamados “eficientes”, lograr certificaciones internacionales o echar mano de esos recursos que prometen salvar al mundo.
Muchas veces, en busca de la sustentabilidad se cae en la trampa de la imagen. “Las grandes empresas ejecutan, en nombre de la sustentabilidad, pequeñas acciones que no son más que operaciones de green marketing”, señala el publicista Sebastián Salguero, y agrega que el fin de esas iniciativas es aparentar ser más amigables con el medio ambiente de lo que son y, de alguna manera, establecer una relación de empatía ambiental con el consumidor. No es raro que lo que sucede en el mercado en general, tenga su reflejo en la construcción y entre los profesionales de la arquitectura y sus comitentes.
Por caso, los productos “sustentables” ya están al alcance de todos, alfombras, revestimientos, equipos de calefacción y cuanta cosa exista tiene su alternativa sustentable, verde o ecológica. Pero, ¿hasta donde todas estas promesas pueden ser cumplidas? Son muchos los materiales y los equipamientos que se venden como “amigables con el medio ambiente” pero cruzan los océanos dentro de contenedores de un lado al otro del mundo, incorporando en su huella de carbono las emisiones producidas por el transporte. Es decir, contradicen al documento de 1987 de las Naciones Unidas y al Protocolo de Kioto, que establecieron como punto principal la necesidad de disminuir las emisiones de dióxido de carbono.
Cabe recordar que la huella de carbono es la cantidad de emisiones de gases de efecto invernadero que acumula un producto o una construcción desde la extracción de su materia prima hasta la deposición final.
Según estudios realizados por la UBA, en nuestro país, casi el 40% del consumo energético esta destinado a edificios. De este porcentaje, más de la mitad es destinado a viviendas y otro tanto a climatización. En conclusión, poco más del 10% de la energía primaria del país esta destinada a la climatización residencial. Además, de acuerdo a la matriz energética nacional, poco más del 80% de la energía primaria del país proviene de recursos naturales no renovables. Todos causantes del efecto invernadero y por ende. del calentamiento global.
Todos los especialistas confirman que la construcción sustentable es una disciplina con fundamento científico que puede ser cuantificado y calificado de acuerdo con la realidad tecnológica, cultural y económica del lugar donde se implantará el edificio. Pero hasta hoy, la Argentina no tiene normas exigibles sobre materiales y muchas de las preguntas relacionadas con la sustentabilidad no tienen respuestas concretas. De esta forma se fortalecen las acciones cosméticas.
Según el doctor en arquitectura Daniel Kozak, profesor adjunto del Centro de Investigación, Hábitat y Energía de la FADU-UBA, en la argentina sólo existen algunas leyes y ordenanzas ya aprobadas en la Provincia de Buenos Aires y la Ciudad de Rosario. “En la Ciudad de Buenos Aires existen varios proyectos de ley en tratamiento, entre ellos, uno dedicado a normas de eficiencia energética en la construcción”, agrega.
Por otro lado, el Instituto Argentino de Normalización y Certificación (IRAM) ha publicado en la red y en versión de prueba, una certificación energética para edificios a nivel nacional denominada Norma IRAM 11900 la cual se puede consultar en Internet.
No sólo por el calentamiento global, sino también ante el eventual agotamiento del petróleo, varios países del Primer Mundo hace ya mas de 2 décadas que desarrollan métodos y certificaciones para la construcción. Estas medidas velan por un mejor desempeño energético de los edificios y por lo tanto, por el cuidado del medio ambiente. En los 90, el Reino Unido creó el método BREEAM y poco a poco países como Japón, Estados Unidos, Australia, Alemania y España han adherido a sistemas de certificación con similares características. Entre las certificaciones edilicias más utilizadas en el país se encuentran las Normas LEED (Leadership in Energy and Environmental Design), vigentes en Estados Unidos y administradas por una entidad no gubernamental denominada United State Green Building Counsil (USGBC).
Tal como indica el arquitecto Leonardo Lotopolsky, miembro del Green Building Council de Argentina, estas normas establecen una serie de parámetros que permiten cuantificar y cualificar la sustentabilidad de un edificio. De esta forma, ser sustentable tiene medida y se pueden evitar los malos entendidos. “Esta rigurosidad permite evitar lo que se conoce como green washing o mejor dicho: como parecer sustentable sin serlo”. Las Leed toman fuerza en nuestro país a raíz del vacío legal vigente y por la demanda de las multinacionales. “Existe una relación global de las compañías que por estatuto requieren de una certificación energética mas allá de la realidad local”, explica Lotopolsky. En los EE.UU., esta norma es utilizada por muchos estados para las obras financiadas con fondos públicos. Un caso similar se esta aplicando en el nuevo edificio del Banco Ciudad que está en construcción en Parque Patricios. “ La última revisión de las normas Leed contempla su adaptabilidad para distintos lugares del mundo”, indica el arquitecto Lotopolsky.
Daniel Kozak, doctor en arquitectura, coincide en la necesidad de buscar un método que avale y cuantifique la sustentabilidad en nuestro país, sin embargo, considera que no es a través de los sistemas de certificación privados o no gubernamentales que se mejorarán los parámetros de sustentabilidad. “Los sistemas de certificación resultan muy costosos e inaccesibles para la gran mayoría de los edificios que se construyen en nuestras ciudades, serían mejores las normas obligatorias incorporadas en los códigos, así como los mecanismos de incentivo”, amplía.
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